El ladrón de la ventana
Me encuentro en una sala circular, muy grande, con forma de cúpula, hecha de un material metálico. La sala está débilmente iluminada por unos focos que emiten una luz azulada. A mi lado hay unas vainas parecidas a los dispositivos para viajar por el espacio que suelen verse en las películas. Dentro de las vainas hay unas criaturas informes, bastante parecidas a un slime. Las miro y pienso, “Voy a tirarles Pyro y Hielo a ver cómo reaccionan”. Me concentro, hago los símbolos de invocación y el fuego aparece dentro de la vaina. El slime arde por un rato, se retuerce, pero no parece afectarle en nada ya que, cuando el fuego se disipa, está exactamente igual que al principio. Vuelvo a concetrarme, hago de nuevo los símbolos de invocación, y esta vez aparece hielo dentro de la vaina. Mismo resultado. El slime reacciona, se retuerce durante un rato, pero parece no afectarle.
Todos los agentes tenemos en mente el principal problema del cuerpo: el ladrón de la ventana. Aunque por el nombre pudiera parecer un ladrón de lo más trivial, es decir, un ladrón que suele colarse por las ventanas para robar, la historia es bastante más surrealista. Este ladrón tiene una capacidad única: puede proyectarse a través de cualquier superficie oscura (un charco, una pared negra, su propia sombra) y aparecer al otro lado de cualquier ventana que exista en el mundo. Como seguro habrás pensado ya, esto implica que puede colarse en cualquier habitación de cualquier edificio o casa que tenga una ventana siempre y cuando tenga delante una superficie oscura.
El ladrón está en su coche, sentado frente al volante. Mira hacia arriba. El techo está oscuro. Es como si el coche no tuviera techo y reflejara un cielo oscuro mínimamente estrellado. O como si no hubiera techo en el coche y se viera directamente el cielo. En ese momento, al ver la escena, al ver al ladrón mirando el techo del coche, me doy cuenta de que el ladrón puede colarse en ese mismo momento en ese sitio, el sitio que hay que proteger a toda costa.
Llegamos a la entrada del edificio. Somos un grupo de unos cuatro o cinco agentes. Entramos causando un gran revuelo. “Buscadlo por todos sitios”, grito. Nos dispersamos y empezamos a buscarlo. Unos se dirigen a la derecha, otros al frente. Yo cojo el ascensor y subo a las últimas plantas. Salgo del ascensor y accedo a un pasillo donde hay un montón de puertas de lo que parecen despachos pequeños y almacenes con muchos libros. Puedo sentirlo, el ladrón no anda lejos. Se ha colado por una pequeña ventana de uno de los despachos. No sé exactamente de cuál, pero estoy seguro de que está en esta misma planta.

Imagen por #Faraón.